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El ejercicio físico continuo y de cierta intensidad renueva también el cerebro. No sólo favorece a los músculos, a la salud del corazón, a reducir los niveles de colesterol o azúcar, sino que también ayuda a producir nuevas neuronas que intervienen en la memoria y el aprendizaje.
Numerosas veces se ha escuchado un viejo aforismo romano que forma parte de una plegaria a los dioses “Mens sana in corpore sano”. Aunque la sabiduría popular reconoce la indudable conexión entre salud física y mental, la comunidad científica sólo recientemente ha prestado atención a la relación entre ejercicio físico y función cerebral. La visión clásica del cerebro era la de un órgano que una vez completado su desarrollo, tenía poca versatilidad, sin embargo se ha demostrado que es un órgano muchísimo más plástico de lo que se pensaba y las neuronas se regeneran incluso en edades avanzadas. El cerebro es un “músculo” más que crece con su uso y que se atrofia cuando no se utiliza, por ello, es de vital importancia mantener una vida sana e intelectualmente activa. El ejercicio produce una gran variedad de efectos sobre el cerebro, que sólo ahora se están empezando a conocer y que no se pueden explicar exclusivamente por un aporte mayor de nutrientes. En un inicio se creía que los efectos positivos se debían al aumento significativo del flujo de sangre al cerebro, actuando como “fertilizante” de las neuronas; las alimenta, las refuerza y las protege, y al mismo tiempo, obliga al cerebro a que trabaje, se regenere y fortifique, como cualquier otro músculo del cuerpo, creando un entorno favorable para que las neuronas se puedan comunicar bien entre ellas. Aún siendo esto un aspecto importante, el ejercicio físico también estimula las conexiones entre neuronas y propicia su desarrollo. Precisamente, son estas conexiones las que se encuentran debilitadas en cuadros depresivos o enfermedades neuronales como el Alzheimer, donde los depósitos anormales de ciertas proteínas dañan y acaban matando a las neuronas. ![]() Por todo esto, los expertos aseguran estar en condiciones de confirmar que la actividad física constante mejora las funciones cerebrales superiores, entre las que se incluyen la memoria, la capacidad de abstracción, la capacidad de razonamiento, el juicio y otras actividades de ejecución. El ejercicio estimula al cerebro de varias formas principales. Mantiene un aporte adecuado de nutrientes al intervenir en la homeostasis de la glucosa y del oxígeno y en los procesos de vascularización cerebral, y optimiza la eficacia funcional de las neuronas interviniendo en procesos de excitabilidad neuronal y de plasticidad sináptica. Así que cuando te levantas por la mañana y desayunas, te vistes con ropa deportiva y vas al gimnasio, pasa lo siguiente: en cada ejercicio que realizas los músculos se empiezan a contraer con más intensidad y frecuencia de lo normal. A los pocos minutos, detectan una situación de estrés físico anormal, se van gastando sus reservas energéticas, y dan aviso al cerebro para que pida ayuda al resto del cuerpo… Se necesita más oxígeno y azúcares así que se activa el sistema nervioso simpático, las glándulas suprarrenales segregan adrenalina, el corazón late más rápido, la presión sanguínea se eleva, las arterias musculares se dilatan para multiplicar su riego sanguíneo, la ventilación pulmonar aumenta, el metabolismo se acelera, los vasos de otras zonas inactivas se contraen, el hígado libera más glucosa... Al final, todo el cuerpo se moviliza para que las células musculares reciban más oxígeno y nutrientes. Así que tu cerebro ha hecho un excelente trabajo y se ha ejercitado correctamente. |








